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El colibrí lleva de aquí para allá los pensamientos de los hombres.

 

Leyenda maya

El colibrí es sin duda una de las aves más especiales del mundo. Es la única polinizadora; la única que posee un pico tan largo y delgado, y que es capaz de volar hacia atrás; es también la que aplica por mucho el aleteo más rápido (sus alas atraviesan el aire hasta 55 veces por segundo).

Tal vez por sus numerosas singularidades, incluida su hermosura, este ave oriunda de América ocupa un rol esencial en la cosmogonía prehispánica. Además, como sabemos, las antiguas culturas mesoamericanas, desde los mayas hasta los aztecas, valoraban mucho las plumas de pájaros de colores brillantes. En este sentido, el colibrí, una de las pocas aves con plumaje colorido y metálico, era particularmente apreciada.

Para muestra de su importancia, en este caso entre los aztecas, basta recordar que fue el colibrí quien los condujo hasta Aztlán. Esta preciosa ave, que en náhuatl es nombrada como huitzilin, es considerada como el nahual de la guerra. Entre los mayas también ocupaba un lugar privilegiado, fungiendo como una suerte de mensajero entre los dioses y los humanos. En ambos casos el colibrí era admirado por su vitalidad y belleza.

El mito azteca

El dios de la guerra de los aztecas, Huitzilopochtli, está inmerso en una poderosa significación desde la presencia de los colibríes. La leyenda cuenta que estaba Coatlicue,  diosa de la fertilidad también conocida como “la de la falda de serpientes”, barriendo el templo de Coatepec (montaña de serpiente) cuando encontró unas hermosas plumas de colibrí que resguardó en su seno, y con ello quedó embarazada.

Ese bebé en su vientre era Huitzilopochtli, el dios de la guerra, y aunque su otra hija, Coyolxauhqui, planeaba la muerte de su madre por una presunta deshonra al desconocerse el padre, el bebé hablaba a su madre desde su vientre para apaciguarla, advirtiendo que él mismo la defendería.

Eventualmente Huitzilopochtli nació y llegó a este mundo equipado con una armadura, un escudo de águila, una sandalia de plumas de colibrí en el pie izquierdo y una xiuhcoatl (serpiente de fuego). Con ella cortó la cabeza de su hermana y venció a sus 400 hermanos. Luego lanzó al aire la cabeza de la Coyolxauhqui, que se convirtió en la luna; en una hermosa metáfora sobre el renacimiento y muerte de la luna cada mes.

El mito maya

Cuando los dioses crearon todas las cosas, notaron que aún faltaba un encargado de llevar sus deseos y pensamientos al mundo; tomaron una flecha muy pequeña, soplaron sobre ella, y entonces voló; luego cobró vida y se convirtió en x ts’unu’um (colibrí). Para los mayas los colibríes llevaban los buenos pensamientos de otros hombres. Así, si alguien te desea un bien, el colibrí tomará ese deseo y lo llevará hacia ti.

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